La Masacre de Nácori Chico

En los límites serranos entre Chihuahua y Sonora, en la antigua región de Nácori Chico, hoy municipio chihuahuense fronterizo con Sonora, ocurrió uno de los episodios más dramáticos del conflicto entre colonos y apaches en el siglo XIX, poco antes de que la resistencia indígena fuera sofocada por completo.

Corría el año 1886, y la mayoría de los grupos apaches ya habían sido desplazados hacia el sur de Estados Unidos o integrados a reservas. Sin embargo, un grupo de resistencia, liderado por un guerrero llamado Julián “El Chiquito”, continuaba operando en las montañas del norte de Chihuahua. Su banda, reducida pero hábil, cruzaba los valles de Bavispe, Nácori Chico y Huachinera, atacando haciendas y campamentos mineros.

En el mes de agosto, los apaches sorprendieron a un destacamento de rurales que escoltaban una diligencia cargada con oro proveniente de las minas de Mulatos, Sonora. La emboscada ocurrió en un paso estrecho conocido como El Cajón de los Perros, cerca del rancho viejo de Nácori. Se desató un combate breve pero brutal. Los indígenas lograron incendiar el carruaje y matar a ocho de los diez escoltas. Solo uno de los jinetes logró escapar y dar aviso a la comandancia de Ures.

El hecho, conocido en crónicas militares como «la última masacre apache en tierras mexicanas», marcó el fin de la resistencia organizada de los apaches en la región. Un mes después, el Ejército Mexicano, en coordinación con tropas norteamericanas, capturó a Julián “El Chiquito” en las inmediaciones del río Bavispe. Fue ejecutado en secreto, y su cuerpo nunca fue reclamado.

Los restos calcinados de la diligencia fueron localizados años después y hoy forman parte de una colección privada en Hermosillo. Algunos habitantes de Nácori aún conservan relatos orales sobre ese enfrentamiento, transmitidos por sus abuelos.

El paso del Cajón de los Perros permanece en gran parte intacto, como mudo testigo de una época donde la guerra entre culturas definía el paisaje del norte de México.