A finales del año 1881, en las montañas cercanas al río Natahuachi, en el municipio de Guachochi, Chihuahua, ocurrió uno de los últimos enfrentamientos registrados entre el Ejército Mexicano y una banda de guerreros apaches chiricahuas, liderados por un jefe llamado Nantzin, considerado uno de los últimos caudillos rebeldes tras la captura de Gerónimo en Estados Unidos.
Después de varios ataques a rancherías y caravanas madereras en la región de la Sierra Tarahumara, las autoridades del entonces Territorio de Chihuahua organizaron una partida militar con más de 80 soldados, dirigida por el coronel Máximo Gámez, para localizar y confrontar a los apaches en su territorio.
El combate se libró durante tres días en un profundo cañón conocido como El Natahuachi, lugar que los apaches usaban como escondite natural por su difícil acceso y la abundancia de agua. Según documentos militares y relatos orales recopilados en Guachochi, los indígenas resistieron con gran conocimiento del terreno, causando numerosas bajas en el destacamento militar.
Al final, la superioridad numérica y armamentista del Ejército obligó a los apaches a retirarse hacia el sur, dispersándose entre las barrancas del Batopilas. El jefe Nantzin fue herido pero logró escapar. Esta acción marcó el último asedio formal del Ejército Mexicano contra grupos apaches dentro del territorio chihuahuense, cerrando un ciclo de casi dos siglos de resistencia indígena.
Hoy, el Cañón del Natahuachi permanece como un sitio remoto y poco explorado, testigo natural de una historia que cambió el destino de la Sierra Tarahumara.
