El tesoro oculto en las cuevas del Diablo, entre Aldama y Chihuahua

Entre los caminos que unen la ciudad de Chihuahua con el municipio de Aldama, existe una serie de cuevas poco exploradas por el hombre moderno, conocidas por los lugareños como Las Cuevas del Diablo. Se encuentran al pie de una formación rocosa en el paraje conocido como “La Mesa del Toro”, una planicie en la que, durante la época colonial, transitaban cargamentos de metales preciosos rumbo a la capital del virreinato.

La leyenda narra que en 1727, una caravana escoltada por soldados y frailes franciscanos salió de las minas de Santa Eulalia con destino al norte, cargada de plata labrada, monedas de oro y objetos litúrgicos. Tras ser alertados de una emboscada apache en el camino hacia Aldama, los custodios decidieron ocultar el cargamento en una caverna escondida entre peñascos, sellando la entrada con piedras talladas y una cruz invertida como advertencia para los saqueadores.

El tesoro fue enterrado en el fondo de una cueva que tenía un arroyo seco como referencia. Sólo uno de los frailes quedó con vida tras el ataque, y años después dejó escrito un derrotero rudimentario, encontrado en un misal antiguo que fue recuperado por un arqueólogo en la década de 1960.

Desde entonces, varios buscadores han recorrido la zona con detectores de metales y varillas, y aunque algunos han hallado reliquias como botones virreinales, restos de carruajes y espuelas, el tesoro nunca ha sido encontrado oficialmente. La dificultad radica en que muchas de las entradas a las cuevas fueron selladas por derrumbes o están cubiertas por vegetación espesa.