En el corazón del Ejido Ocampo, al norte del municipio de Chihuahua, sobrevive entre susurros y memorias una antigua leyenda que se remonta a la época colonial, cuando las órdenes religiosas exploraban territorios del norte buscando almas que evangelizar y sitios para fundar misiones.
Según los relatos recogidos por los ancianos de la región, hacia 1708, un grupo de frailes franciscanos se desplazaba desde la misión de Santa Eulalia rumbo a una región minera al pie de la sierra de Nombre de Dios, buscando establecer un pequeño refugio religioso. En su paso por lo que hoy es Ocampo, fueron atacados por un grupo de indígenas hostiles, posiblemente apaches lipanes, quienes defendían sus rutas y santuarios sagrados.
Los frailes, en su intento por ocultar sus pertenencias más valiosas —un cofre de madera con vasijas de plata, cruces de oro, monedas castellanas y documentos firmados por la Corona— enterraron el tesoro en una cueva estrecha entre el cerro de La Cantera Vieja y el cauce seco del arroyo El Mezquital. Uno de ellos, el hermano Bernardo, logró sobrevivir y escribió un derrotero que fue hallado décadas después en los archivos de la misión de Cusihuiriachi.
El documento describe con precisión el camino:
«Desde la roca partida al norte del paso angosto, a tres lanzas del pozo seco, donde el sol se oculta tras la peña al anochecer, ahí se enterraron las cargas santas, bajo tierra dura, sellada con cruz de sangre.»
A lo largo del siglo XIX y durante la Revolución, varios intentos por hallar el tesoro fueron frustrados por deslizamientos, desapariciones inexplicables y conflictos locales. Algunos testimonios afirman que en 1932, unos peones encontraron restos de cajas carbonizadas y fragmentos de monedas, pero el sitio fue sepultado nuevamente tras una fuerte tormenta.
Actualmente, la zona del Ejido Ocampo, solitaria y con poca intervención urbana, sigue siendo objeto de búsqueda por parte de exploradores, arrieros y curiosos. Nadie ha confirmado la existencia del tesoro, pero el derrotero original se resguarda en una copia facsimilar en poder de una familia local, cuyos descendientes aún creen que las riquezas del fraile Bernardo esperan bajo la tierra.
