En las cercanías del poblado de Nombre de Dios, ubicado a escasos kilómetros al norte de la ciudad de Chihuahua, existe una leyenda poco conocida sobre un tesoro enterrado en tiempos coloniales, vinculado al paso de las caravanas que transitaban el antiguo Camino Real de Tierra Adentro. Este sendero conectaba los centros mineros del norte con la capital virreinal en la Ciudad de México, y era constantemente asediado por asaltantes, tribus rebeldes y contrabandistas.
A principios del siglo XVIII, una caravana compuesta por soldados, religiosos y comerciantes transportaba lingotes de oro y objetos eclesiásticos desde las minas de Santa Eulalia y Cusihuiriachi. Su destino final era el convento de San Francisco en la Villa de Chihuahua, pero al enterarse de que grupos de apaches estaban emboscando las rutas, decidieron desviar su camino y resguardarse en los valles cercanos a Nombre de Dios.
De acuerdo con el derrotero que ha circulado entre coleccionistas y buscadores de tesoros, los custodios del cargamento decidieron enterrar los baúles bajo un mezquite seco, cerca de un ojo de agua llamado «El Rincón del Manso», al pie de un cerro bajo en forma de lomo de buey. Marcaron el sitio con piedras en forma de cruz y grabaron símbolos en una roca plana. Luego, huyeron hacia la villa, pero nunca regresaron a recuperar el oro, pues fueron atacados días después cerca del actual puente del Sacramento.
A lo largo de los años, campesinos y pastores han encontrado monedas españolas, botones militares y fragmentos de loza, pero el tesoro principal jamás ha sido recuperado. Aún hoy, los relatos de quienes han explorado el lugar aseguran que hay sonidos metálicos extraños y luces que aparecen en la noche, lo que ha mantenido vivo el interés por localizar el sitio exacto.

